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24 de marzo: mitos del relato

publicado a la‎(s)‎ 22 nov. 2012 11:40 por Julio Mendoza   [ actualizado el 24 nov. 2012 10:50 ]

Los años ‘70 cons­ti­tu­yen, desde el 2003 a la fecha, el cen­tro de gra­ve­dad del dis­curso kir­ch­ne­rista. La ecua­ción es más sim­ple de lo que se piensa: los Dere­chos Huma­nos encar­nan una causa de suyo noble aun­que bas­tante mano­seada, pro­ducto del gran capi­tal polí­tico que importa (y en algu­nos casos eco­nó­mico tam­bién, y sino pre­gún­tenle a Sho­klen­der y Hebe); la década del ‘70 es sinó­nimo de vio­la­ción a los Dere­chos Huma­nos; los Kir­ch­ner revuel­ven un poco aque­lla his­to­ria, arman un relato fan­ta­sioso que se ajusta a sus nece­si­da­des, y se con­vier­ten rápi­da­mente en los cam­peo­nes indis­cu­ti­dos de la “causa dere­chohu­ma­nista” en la Argentina.

Cuando habla­mos de “relato”, nos refe­ri­mos a la narra­tiva que legi­tima el poder de un gobierno. En el caso del kir­ch­ne­rismo, valo­res fosi­li­za­dos, des­he­chos ideo­ló­gi­cos radio­ac­ti­vos −cuya fun­ción en rigor de ver­dad es de mero adorno dis­cur­sivo−, cate­go­rías polí­ti­cas des­gas­ta­das −pero efec­ti­vas para demo­ni­zar a even­tua­les adver­sa­rios−, y mucho rechi­nar de dien­tes y puños en alto, son ele­men­tos cons­ti­tu­ti­vos de su anacró­nico relato.

Cada 24 de marzo desde que el kir­ch­ne­rismo subió al poder (se sabe bien que antes de esto el tema no for­maba parte de los intere­ses del matri­mo­nio), “el relato” se mani­fiesta con una cla­ri­dad excepcional.

En este nuevo aniver­sa­rio del 24 de marzo de 1976, resulta nece­sa­rio ani­mar­nos a sumer­gir­nos en el terreno de lo polí­ti­ca­mente inco­rrecto, y revi­sar el relato setentista.

¿Golpe mili­tar?

En el relato seten­tista sólo hay lugar para las res­pon­sa­bi­li­da­des cas­tren­ses. Cual­quier intento por ahon­dar en el papel que desem­peñó en esa his­to­ria el pue­blo, orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas como ERP y Mon­to­ne­ros, o la clase polí­tica, puede redun­dar en des­agra­da­bles acu­sa­cio­nes tales como ser un “pro­mo­tor de la teo­ría de los dos demo­nios” o un “defen­sor del geno­ci­dio”. El debate auto­má­ti­ca­mente, en con­se­cuen­cia, se cierra.

Lo cierto es que las res­pon­sa­bi­li­da­des fue­ron múl­ti­ples. Desde que el gobierno de Isa­bel Perón empezó a tam­ba­lear, la par­ti­do­cra­cia lo sen­ten­ció a muerte. ¿Quién recuerda a dipu­tados como Mon­salve decla­rando que “no puede trans­cu­rrir un minuto más en el más abso­luto desorden”?[i] ¿Quién recuerda el docu­mento que emi­tió la UCR a comien­zos de 1976 donde afir­maba que “toda la Nación per­cibe y pre­siente que se apro­xima la defi­ni­ción de un pro­ceso que, por su hon­dura, vas­te­dad e incom­pren­si­ble dila­ta­ción, alcanza su límite”?[ii] ¿Quién recuerda a los legis­la­do­res aban­do­nar sus ban­cas, como el dipu­tado Luis Sobrino Aranda que se fue una semana antes del 24 de marzo ase­ve­rando que “el pro­ceso polí­tico argen­tino está agotado”?[iii] ¿Quién recuerda a las pro­pias filas pero­nis­tas pidiendo inter­ven­ción cas­trense, como Jorge Anto­nio el 22 de marzo de 1976 diciendo desde una con­fe­ren­cia de prensa en un hotel cén­trico de Bue­nos Aires que “si las Fuer­zas Arma­das vie­nen a poner orden, res­peto y esta­bi­li­dad, bien­ve­ni­das sean”?[iv]. Si pocos recuer­dan casos como estos, menos aún recor­da­rán las cons­pi­ra­cio­nes de polí­ti­cos con mili­ta­res, como la del pro­pio Vic­to­rio Cala­bró (gober­na­dor de Bue­nos Aires), quien entre­ga­ría a ofi­cia­les de las Fuer­zas Arma­das los mapas de la Casa de Gobierno, a los fines de que las tro­pas del Regi­miento de Infan­te­ría 7 no se cru­za­ran con la poli­cía el 24 de marzo.[v]

Aun­que suene des­con­cer­tante, la gue­rri­lla tam­bién tuvo su impor­tante cuota de res­pon­sa­bi­li­dad en los suce­sos del 24 de marzo, bus­cando deses­pe­ra­da­mente la inter­ven­ción mili­tar. En efecto, creían que un gobierno de facto les devol­ve­ría la legi­ti­mi­dad per­dida durante los tres años de demo­cra­cia. A modo de mues­tra, Mon­to­ne­ros desa­rro­llaba este pen­sa­miento en los siguien­tes tér­mi­nos: “un gobierno mili­tar y repre­sivo traerá como con­tra­par­tida una mayor con­cien­cia de la clase trabajadora”.[vi] El ERP, por su parte, expli­caba algo pare­cido: “La aven­tura gol­pista del enemigo sig­ni­fi­cará la derrota del enemigo y la vic­to­ria de la revolución”.[vii] Eran los tiem­pos del “cuanto peor, mejor”, y por con­si­guiente recru­de­cie­ron su accio­nar para ace­le­rar “la aven­tura golpista”.

Las orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas, ¿ya esta­ban aniquiladas?

Ade­más de anu­lar o igno­rar ex pro­feso el papel de la civi­li­dad como actor pro­pi­cia­dor del golpe, otro mito del relato con­siste en mini­mi­zar el rol de las orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas sub­ver­si­vas en la tra­ge­dia de los años ‘70 ale­gando que “la gue­rri­lla ya estaba diez­mada el 24 de marzo de 1976″, con la evi­dente inten­ción de for­mar la idea de que la gue­rra interna era una mera excusa de sec­to­res cas­tren­ses. La reali­dad indica com­ple­ta­mente lo con­tra­rio. Según con­firmó la sen­ten­cia que juzgó a la junta de coman­dan­tes, en 1975 se pro­du­je­ron 893 hechos terro­ris­tas (pro­me­diando un aten­tado cada ocho horas, durante el año pre­ce­dente al golpe). En 1976 no fue­ron menos los hechos de terro­rismo: el 22 de marzo, el matu­tino “La Tarde” (diri­gido por el kir­ch­ne­rista Héc­tor Timer­man) informó: “Un récord que duele: cada 5 horas, ase­si­nan a un argen­tino”. Y, a ren­glón seguido, expre­saba: “Terro­rismo: Sigue la esca­lada de crí­me­nes”. El 19 de marzo, el dia­rio de izquierda “La Opi­nión” arrojó una esta­dís­tica simi­lar: “Un muerto cada cinco horas, una bomba cada tres”.

Los pro­pios docu­men­tos inter­nos de Mon­to­ne­ros con­ta­bi­li­za­ban, en 1976, “1.000 aten­ta­dos con 500 víc­ti­mas fata­les”, pro­du­ci­dos sólo en ese año.[viii] El Ejér­cito Revo­lu­cio­na­rio del Pue­blo (ERP), por su parte, en docu­mento interno, indi­caba que, para esta fecha (1976), toda­vía se con­taba con 4.950 gue­rri­lle­ros organizados.[ix]

A fines de 1977, el coman­dante del Ejér­cito Mon­to­nero, Hora­cio Men­di­zá­bal, afir­maba públi­ca­mente que, durante ese año, “se rea­li­za­ron más de 600 ope­ra­cio­nes militares”.[x] Si para mues­tra basta un botón, fue en julio de 1976 cuando se pro­dujo el aten­tado terro­rista más dra­má­tico de toda la década del 70, cuando una bomba mon­to­nera hizo volar el come­dor de la super­in­ten­den­cia dela Poli­cía Fede­ral, muti­lando a 60 per­so­nas y ase­si­nando a otras 22.

Es tiempo de empe­zar a dis­cu­tir la ver­da­dera mag­ni­tud de las orga­ni­za­cio­nes terroristas.

¿El 24 de marzo se dio inicio a la repre­sión ilegal?

El relato seten­tista se estruc­tura de una forma real­mente sim­ple: la his­to­ria comienza el 24 de marzo. Antes de eso, nada. La con­signa es “tener memo­ria”, pero no tanta; hacer “jus­ti­cia”, pero hasta cierto punto; pro­mo­ver la “ver­dad”, aun­que antes resulte impres­cin­di­ble fil­trarla y depu­rarla con cuidado.

Es amplia­mente cono­cido que el Pro­ceso com­ba­tió a las orga­ni­za­cio­nes arma­das de la gue­rri­lla con arre­glo a meto­do­lo­gías irre­gu­la­res. Sin embargo, ¿Cómo se la com­ba­tió durante el gobierno cons­ti­tu­cio­nal ante­rior? Llama la aten­ción el mutismo que hay al respecto.

El uso de méto­dos no con­ven­cio­na­les para enfren­tar al terro­rismo data desde que entró en ope­ra­cio­nes, ava­lada por el gobierno demo­crá­tico, la Tri­ple A. Casi medio cen­te­nar de muer­tos dejó el accio­nar del apa­rato para­es­ta­tal en cuestión.

Por su parte, los decre­tos del Poder Eje­cu­tivo 261 y 2.772 del año 1975, que orde­na­ban a las Fuer­zas Arma­das “eje­cu­tar las ope­ra­cio­nes mili­ta­res que sean nece­sa­rias a efec­tos de neu­tra­li­zar y/o ani­qui­lar el accio­nar de los ele­men­tos sub­ver­si­vos” pri­mero en Tucu­mán y luego en todala Repú­blica, die­ron lugar a más casos de com­bate irre­gu­lar en el marco de una gue­rra que era irregular.

Así las cosas, la ver­dad his­tó­rica indica que la desa­pa­ri­ción de terro­ris­tas no empieza el 24 de marzo de 1976, sino bas­tante antes. En efecto, los des­a­pa­re­ci­dos ante­rio­res al 24 de marzo con­ta­bi­li­za­dos por la CONA­DEP (Comi­sión Nacio­nal sobrela Desa­pa­ri­ciónde Per­so­nas) ascien­den a 900 casos.

Con­cluida la gue­rra, el jerarca terro­rista Enri­que Gorria­rán Merlo dirá que “las téc­ni­cas repre­si­vas de ese gobierno sur­gido de elec­cio­nes fue­ron (aun­que parezca difí­cil de creerlo) más fero­ces que las ins­tru­men­ta­das por el gobierno de facto de Onga­nía, Levings­ton y Lanusse”.[xi] Julio San­tu­cho, her­mano del jefe máximo del ERP, expre­sará, por su parte, que “en un solo año de gobierno popu­lar, nues­tro pue­blo tuvo más muer­tos que en siete años de dic­ta­dura mili­tar (…) la repre­sión actuada por el gobierno pero­nista fue diez veces mayor que la de la Revo­lu­ción Argen­tina pro­cla­mada por el gene­ral Onganía”.[xii]

A 36 años del 24 de marzo de 1976, pon­ga­mos en duda y comen­ce­mos a revi­sar el relato que difun­dió el kir­ch­ne­rismo a modo de ver­dad reve­lada. La his­to­ria y sus suce­sos son mucho más que un dis­curso y una ban­dera polí­tica.
(*) Agus­tín Laje tiene 23 años y es autor del libro “Los mitos setentistas”.

[i] Gar­cía Mon­taño, Diego. Res­pon­sa­bi­li­dad com­par­tida. La socie­dad civil antes y durante el Pro­ceso. Cór­doba, El Copista, 2004, p. 104.

[ii] Docu­mento citado en Gar­cía Mon­taño, Diego. Ob. Cit., p. 112.

[iii] Yofre, Juan Bau­tista. Nadie Fue. Bue­nos Aires, Edi­vern, 2006, p. 349.

[iv] Yofre, Juan Bau­tista. Ob. Cit., p. 358.

[v] Yofre, Juan Bau­tista. Ob. Cit., p. 380.

[vi] Docu­mento citado en Mén­dez, Euge­nio. Con­fe­sio­nes de un mon­to­nero. Bue­nos Aires, Sud­ame­ri­cana, 1985, p. 124

[vii] Revista Estre­lla Roja, edi­ción del 16 de febrero de 1976.

[viii] Docu­mento citado en Díaz Araujo, Enri­que. La gue­rri­lla en sus libros. Tomo II. Men­doza, El Tes­tigo edi­cio­nes, 2009, p. 91.

[ix] Docu­mento citado en Yofre, Juan Bau­tista. Fui­mos todos. Cro­no­lo­gía de un fra­caso, 1976–1983. Bue­nos Aires, Sud­ame­ri­cana, 2008, p. 33.

[x] Informe com­pleto en Larra­quy, Mar­celo. Fui­mos sol­da­dos. His­to­ria secreta de la con­tra­ofen­siva mon­to­nera. Bue­nos Aires, 2º ed., Agui­lar, 2006, p. 124.

[xi] Gorria­rán Merlo, Enri­que. Memo­rias de Enri­que Gorria­rán Merlo. De los setenta aLa Tablada. Bue­nos Aires, Planeta/Catálogos, 2003, pp. 368–369.

[xii] San­tu­cho, Julio. Los últi­mos gue­va­ris­tas. La gue­rri­lla mar­xista enla Argen­tina. Edi­ción de 1988. Pp. 160–162.

Fuente: La Prensa Popular

Autor: Agustín Laje (*)


FUENTE :

http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2012/03/24/24-de-marzo-mitos-del-relato/







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