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Cancionero de Juan Facundo Quiroga

publicado a la‎(s)‎ 21 feb. 2014 16:41 por Julio Mendoza

 

 

Juan Facundo Quiroga pertenecía a una familia de pequeños terratenientes riojanos. Como militar se inicia en las guerras de la Independencia en el Regimiento de Granaderos de San Martín. También colaboró con Belgrano y, más tarde, con los ejércitos del Alto Perú.

 

La política librecambista impuesta por la burguesía porteña empobrecía paulatinamente a las alejadas provincias del Noroeste que no poseían productos de exportación y cuya única riqueza era la explotación de las minas; de ahí la hostilidad y desconfianza que sentían por Buenos Aires, al mismo tiempo que exigían la organización del país con el objetivo de que el interior volviera a gozar de las rentas de la aduana y del tesoro nacional.

 

En lo que hace a La Rioja, ya, por los años 20, los ingleses intentaron obtener la explotación de la zona minera de Famatina. Bernardino Rivadavia, que trataba afanosamente de hacer negocios con el imperio británico, se autorizó así mismo “para promover la formación de una sociedad de Inglaterra, destinada a explotar las minas –léase cerro Famatina- de oro y plata que existían en el territorio de las provincias unidas”. Pero, cuando los ingleses llegaron a La Rioja, encontraron a Facundo Quiroga al frente de la Casa de Moneda explotando los yacimientos. Sus hombres, que estaban preparados, utilizaron, llevando al frente la bandera “Religión o Muerte”, todos los medios para expulsar a extranjeros y “extranjerizantes”. Por ello derrotaron en El Tala, en octubre de 1825 a una parte del ejército presidencial, formado por Rivadavia inmediatamente después de su elección. Quiroga, intérprete de la voluntad de los paisanos, se transformará en el hombre de mayor prestigio político de la región. Debe llevar adelante una esforzada campaña contra Paz, cabeza del unitarismo, que a su regreso de la Guerra con el Brasil, había instalado su centro de operaciones en Córdoba.

 

La necesidad de eliminar a Paz –Rosas, ya gobernador de Buenos Aires era el principal convencido de ello- decidió la formación de los ejércitos aliados al mando de Estanislao López. Una vez que Paz es puesto fuera de combate por las fuerzas del caudillo de Santa Fe, Quiroga se encargó de “limpiar” de enemigos las provincias andinas y, más tarde, Tucumán y Salta.

 

El objetivo de Facundo era bien conocido: reunir un Congreso Constituyente; pero prevaleció la opinión de Rosas en el sentido de que no convendría elaborar una constitución hasta tanto las provincias no estuvieran pacificadas internamente.

 

Los unitarios vuelven a conspirar, pero ahora de manera más sutil, infiltrándose y creando recelos y desconfianzas mutuas. En el Norte, los gobernadores Heredia de Salta y Latorre de Tucumán se acusaban de participar en conspiraciones unitarias. Para actuar como mediador –previo acuerdo con Rosas-, viaja Quiroga a esa región en enero de 1835. Es el caudillo de mayor prestigio en las provincias y ostenta una insospechable conducta política. El tratado de unidad entre las provincias se firmó en Santiago del Estero y, más tarde, Facundo regresa a Buenos Aires.

 

Pendía una amenaza de muerte sobre él que se efectiviza en Barranca Yaco, en donde una partida al mando de Santos Pérez le da muerte junto con todos sus compañeros el 16 de febrero de 1835. Por cierto Santos Pérez no actuó por su cuenta. Detrás de él estaba la orden del gobernador de Córdoba, Vicente Reinafé, pero detrás de Reinafé ¿quién? ¿Acaso Estanislao López? El resultado del juicio por la muerte de Quiroga, realizado en Buenos Aires, y que tuvo como juez a Rosas –aunque la sentencia fue encargada a Manuel Maza- corta la cadena en los hermanos Reinafé, quienes fueron condenados a muerte, lo mismo que el ejecutor material del asesinato y algunos de los integrantes de la emboscada de Barranca Yaco.

 

Desde que perdió la acción

Desde que perdió Quiroga
esa acción de La Tablada,
vivo tan atribulada
que no encuentro diversión.
Toda mi conversación
es insulsa y desabrida,
si bailo estoy aburrida,
sin saber lo que he de hacer.
Para tanto padecer
¡caramba! que ya no hay vida.


La acción de La Tablada tuvo lugar el 22 y 23 de junio de 1829 en la provincia de Córdoba. El vencedor de Quiroga fue el general Paz. Los federales dejaron allí miles de muertos. Quiroga volvió a la sierra y luego a los llanos con el propósito de rehacer su ejército y volver a enfrentar a Paz.


En la puerta de mi casa

En la puerta de mi casa
tengo una silla dorada
pa’que se siente Quiroga
con la cinta colorada.

Quiroga me dio una cinta
y López me dio un cordón,
por Quiroga doy la vida,
por López el corazón.


Esta copla fue una de las preferidas del partido federal que solía cambiar, según la ocasión, los apellidos utilizados. Por ejemplo: Quiroga me dio una cinta / Rosas me dio un cordón, / por Quiroga doy la vida / por Rosas el corazón.


Lamadrid

Bolivia me valga
ella sea conmigo,
debo irme pronto
viene mi enemigo.

De la última guerra
que acabo de dar
hasta en los calzones
llevo material.

Aunque el mal olor
nos llegue a apestar,
estando en Bolivia
los podré lavar.

Y así de este modo
iba discurriendo,
después que Quiroga
me sacó corriendo.


¡Viva Dios, viva la Virgen!

¡Viva Dios, viva la Virgen!
¡Viva la cinta punzó!
¡Viva la celeste y blanca!
¡Viva la Federación!

El general Juan Facundo
ha sido hombre de su casa,
no le faltó contratiempo,
le sucedió una desgracia.

El capitán Santos Pérez
se ha portado de hombre malo,
le ha cortado la cabeza
y la ha colgado de un palo.

El general diz que ha muerto,
yo les digo: Así será,
¡tengan cuidado, magogos,
no vaya a resucitar!.


Importa recalcar cómo la imaginación popular otorga poderes sobrenaturales a la persona de Quiroga esperando su reaparición. El mismo Sarmiento recoge este sentimiento del hombre de la provincia en la introducción de Facundo.


Don Juan Facundo Quiroga

Don Juan Facundo Quiroga,
general del interior,
lleva banderas que dicen:
Muerte o Federación.

En el Córdoba mentado
mataron a Juan Facundo,
a Pérez encadenado
lo llevan al otro mundo.

Que le corten la cabeza
con un serrucho afilado,
causantes de tal desgracia
deben morir degollados.


Dicen que Quiroga viene

Dicen que Quiroga viene
sentadito en una silla
a darle los buenos días
al jetón de Echeverría.

Dicen que Quiroga viene
caminando por la escala,
dicen que vienen a hacer balas
de las barbas de Barcala.


Las menciones corresponden al coronel Echeverría, que defendía Río Cuarto de las tropas de Facundo por el año 1830, y al coronel Lorenzo Barcala que combatió contra Facundo.


Año de mil ochocientos

Año de mil ochocientos
treinta y cinco de año nuevo
Quiroga perdió la vida
el dieciséis de febrero.

Era un jefe ‘e tanto influjo
era un jefe ‘e tanto bando
que tenía muchos pueblos,
muchas líneas a su mando.

Se dirigió pa Santiago
como lo cuenta el autor;
tan sólo va procurando
que tengamos redención. (1)

Hizo bajar los gobiernos
rindiéndoles obediencia:
-Aquí estamos, señores.
-Aquí estamos vuecelencia
debajo de sus banderas,
rendido a vuestra presencia.

Los he hecho bajar – les dice-
en una misión verdadera,
para que se unan los pueblos
y nunca jamás haiga guerra.

Ya se dentran a sus planes
y en sus volcanas (sic) papeles (2)
y le trabajan un bando,
se lo dan a Santos Pérez. (3)

Que lo ha de dar asesinado.

Santos Pérez le responde:

-Sin firmas de vuecelencia
no lo puedo hacer, señores,
porque en el momento pierdo
mi crédito y mis honores.

Ya se dentran a sus planes
y en sus volcanas (sic) papeles,
después de concluido estaba
se lo dan a Santos Pérez.

Vicente Reina le dice: (4)
-Ya te lo hemos ordenado
y si no lo haces así
tú eres el asesinado.

Reinafeses le decía:
-Tú eres un jefe de empresa
de Quiroga esperamos
que nos traigas la cabeza.

Salieron los tulumbianos (5)
sin que un punto se desliza
porque los van engañando
que es pa’hacer una pesquisa.

Enfrente de Ojo de Agua
una mujer le avisaba:
-Ha pasado Santos Pérez
con toda su tropa armada.

Enfrente del Totoral
una mujer le decía:
-Mire, señor general,
que hoy día pierde su vida.

No se dispuso él a creer
lo que le había ‘e suceder;
que le quitaran la vida
sin que él diera el porqué.

En la posta de don Hacha
le demoran el auxilio
dándole el trecho a los gauchos
que estuvieran prevenidos.

El postillón tenía un hijo
de la edad de siete años
que lo mandaba su padre
que volviera los caballos.

En la posta de Anteguasa (6)
le salían de emboscada
y los cargaban los gauchos
como perros en majada.

Quiroga tenía un loro
que en el discurso no falto
lo que veía esa gente
gritaba que hicieran alto.
-Al que gobierne esa gente
quiero conversar con él.

Atiendan, señores míos,
que esto les quiero contar,
no le hacían caso a la gente
¡Le han de hacer a un animal!

Allí se allegaba Santos
con unas palabras necias
y le decía a Quiroga
-Dese preso, vuecelencia.

Para que sirva de ejemplo
lo hizo acostar en el suelo
y lo degolló aquel hombre
como degollar cordero.


1) La difícil situación planteada en Buenos Aires debido a la negativa de Rosas a aceptar por segunda vez la gobernación de Buenos Aires, favoreció a los conspiradores unitarios, cuya influencia llegó hasta las provincias más alejadas del Norte. Los gobiernos de Tucumán y Salta se acusaban mutuamente de apoyar las conspiraciones unitarias. El gobierno de Buenos Aires creyó conveniente enviar un mediador que resultó ser Facundo Quiroga, por ese entonces en dicha ciudad. La reunión para solucionar el enfrentamiento se hizo en Santiago, el 3 de enero de 1835, y culminó con un tratado de compromiso entre Salta, Santiago del Estero y Tucumán el 6 de febrero de ese año.


2) Es probable que la versión correcta sea “ya se vuelcan a papeles”.


3) El capitán Santos Pérez fue el jefe de la partida que asesinó a Quiroga. A pesar de la matanza general para evitar testigos, el correo Agustín Marín y un asistente del doctor Ortiz, acompañantes de Quiroga, que llegaron poco después, pudieron observar lo ocurrido. Estos, más tarde, acusarían a Santos Pérez y a las milicias cordobesas. Dirá Rosas: “el general Quiroga fue degollado en su tránsito de regreso para ésta (Buenos Aires) el 16 del pasado último febrero (…) ¿He conocido o no el verdadero estado de la tierra? Pero ni esto ha de ser bastante para los hombres de las luces y los principios. ¡Miserables! (…) Ya lo verán ahora. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones”.


4) Se refiere al coronel José Vicente Reinafé, gobernador de Córdoba en la época en que fue asesinado Quiroga. Junto con sus hermanos, fue juzgado en Buenos Aires y, encontrado culpable de haber ordenado la matanza de Barranca Yaco, fue ejecutado con sus hermanos y los demás integrantes de la partida.


5) La partida comandada por Santos Pérez estaba integrada por milicianos de Tulumba.


6) Inti-Huasi.


Desde que salió Quiroga

Desde que salió Quiroga
ausente de su familia
le anunciaron los vecinos
que había de perder vida.

Ya marchó para Santiago
como lo cuenta un doctor,
tan sólo iba procurando
que tengamos religión. (1)

En la posta de Piedrita
una mujer le avisó:
-No pase, mi general,
le han armao revolución.

Pedro, Pablo y Roque Juncos (2)
ellos fueron los espías,
los llevaban a una vista
en las postas que dormía.

En la posta del Chañar
le demoran el auxilio
dando tiempo a los gauchos
que estuvieran prevenidos.

En esa Barranca Yaco
donde se pierden los hombres
le pusieron de emboscada
una partida de herones (sic) (3)

¡A la carga! dijo Pérez
militares alvertidos
agora pierde la vida
un general asesino.

Ya el caballero le clama
siquiera un momento u hora,
que le salvara la vida
a Juan Facundo Quiroga.

Quiroga le pide tregua
pa’ poderse confesar,
quiere disponer su cuerpo
no morir como animal.

Santos Pérez le responde:
-Yo tregua no te he de dar
la tregua que te he de dar
es a golpes de un pedernal.

. . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Pa que sepa que es morir
aquel que supo matar.

Principian a degollar
a todos los postillones;
al morir uno de ellos
lloraban los corazones. (4)

-A Quiroga lo hemos muerto
lo tenemos a nuestro lado.
-Como Quiroga fue brujo
puede estar desfigurado.

Y le pega un puntapié
y lo tira boca abajo:
-A Quiroga lo hemos muerto
ya Rosas no ha’i dar trabajo.


1) La bandera de Quiroga era Religión o Muerte. Dice José María Rosas: “La bandera de Quiroga y las repetidas proclamas de los federales pueden hacer creer en una intolerancia religiosa (…) No era tanto una lucha religiosa como una afirmación nacionalista: se combatía a los gringos y a los masones por su exterioridad más visible, que era ser protestantes o volterianos”.


2) Nombres de algunos de los implicados en el asesinato de Facundo.


3) La versión correcta puede ser leones.


4) Se refiere a un niño que acompañaba a los postillones en el trayecto de posta a posta.


Número el año cuarenta

Número el año cuarenta
treinta y uno el año nuevo (1)
Quiroga perdió la vida
¡un jefe de tanto grado!

Tenía sus tropas de línea
muchos pueblos asomando
donde tenía sus caudales.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Di una noche a la mañana
no por vengar un agravio
hizo una disposición
y dijo: -Voyme al Rosario.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Donde no faltan mentiras
pensaban que él iba en contra;
tratan quitarle la vida
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¡Así se pierden varones!
le pusieron de emboscada
una comisión de herones. (2)
Santos Pérez les decía:

-Maten curas y alcaldes,
maten clérigos y frailes,
sólo a los Rey los libran (3)
porque ellos dieron el mando.

Iba un clérigo padre
no se conseguía favor
y le pegaron dos tiros
por la puerta ‘el carretón.

Nu hi visto qué crueldad
para tener tanto agravio;
iba un ángel inocente:
el que arriaba los caballos.

En uno ‘e la comisión
quedó un valor poquitito:
le dijo a su superior
que no mate a ese angelito.

Ahí dijo el superior
y a todo el género humano
que él no haría favor
ni entre sus mismos hermanos.

Y el asesino de Santos
lo degolló con sus manos.

Se arrodilló el angelito
con el sentimiento grave…
que él era un solo hijo
¿quién atendiera a su madre? (4)

Hizo su gusto Santos Pérez
salía como dándose corte
y hizo una disposición d’irse
a las Méricas del Norte. (5)

Todos estaban conformes
y decían: “Un gaucho no hace falta”
dónde se fue a acomodar
en las fronteras de Salta.

El caso les había llegado.

Los que hicieron el asalto
lo que nunca habían pensado
la pagaron con lo mismo:
todos fueron fusilados. (6)


1) Ismael Moya señala que es probable que haya aquí interferencias de fechas –no olvidemos la transmisión oral del cantar- que llegaron a confundir la fecha exacta de la muerte de Quiroga.


2) Véase nota 3, cantar anterior.


3) Se trata de Reinafé


4) Véase nota 4, cantar anterior.


5) América del Norte.


6) La decidida acción de Rosas posibilitó el castigo de los culpables. El juicio tuvo lugar en Buenos Aires, adonde fueron conducidos tres de los cuatro hermanos Reinafé y otros integrantes de la partida. La sentencia estuvo a cargo de Manuel Maza, quien los condenó a muerte.


Marchó Quiroga p’abajo

Marchó Quiroga p’abajo
con toda su gente unida
que él iba a poner en paz
a los pueblos desavenidos. (1)

Luego que salió de allí
le anunciaron el destino:
que iba a perder la vida
de vuelta y en el camino.

De vuelta y en el camino
una mujer le avisó:
-No pase mi general,
le han armao revolución.

-Mucho te agradezco yo
mucho te he de agradecer
pero p’al mal que les hago
a mí ¿Qué me pueden hacer?

De allí sale Santos Pérez
con militares albertidos (2)
-Hoy le quitamos la vida
a un general asesino.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
De allá Rosas contestó:
no es Quiroga el que ha muerto
es una disifración (sic) (3)

De allí sale Santos Pérez
y le tira boca abajo
-Quiroga es el que ha muerto
ya Rosas ni ha’i dar trabajo.


1) Véase nota 1 al cantar “Año de mil ochocientos”.

2) Advertidos.

3) Véase nota 2, cantar “¡Viva Dios, viva la Virgen!”. En este caso ni siquiera se cree que el caudillo riojano haya podido morir.


Cuando Quiroga salió

Cuando Quiroga salió
del seno de su familia
le anunciaron el destino:
que había de perder la vida.

Han visto rodar un coche
por el medio del camino
saltiadores y la muerte
hora y destino cumplidos. (1)

Marcos Juncos y Pedro Ayala (2)
ellos eran los bomberos (3)
los llevaban a una vista
pa’ llegar juntos con ellos.

Le ponen una emboscada
de una partida de herones (4)
lugar de Barranca Yaco
donde se consumen hombres.

Marcos Juncos le decía
-Lo pongamos boca abajo,
ya a Quiroga lo hemos muerto,
Rosas no nos da trabajo.


1) Esta cuarteta sintetiza los elementos más relevantes que protagonizaron el drama de Barranca Yaco.

2) Individuos complicados en la muerte de Quiroga.

3) Espías que siguen los pasos y observan los movimientos de los enemigos.

4) Véase nota 3 al cantar “Desde que salió Quiroga”.


Si Quiroga murió fusilado

Si Quiroga murió fusilado
no murió por infame o traidor
murió con la espada en la mano
defendiendo la federación.
Abrase la tierra
vuélvase a cerrar,
ya murió Quiroga
tan buen federal.


Vámonos a la huella

Vámonos a la huella,
vamos a llorar,
que ya murió Quiroga
nuestro general.


Permiso mi Virgen Santa (1)

Permiso mi Virgen Santa,
madre de todos nosotros,
voy a contarles la historia
de aquel general Quiroga.

El mentado general
era hombre de mucho bando,
caballería de línea
y pueblos bajo su mando.

En los llanos de La Rioja
inició sus correrías;
gaucho firme y mano brava
Federación fue su guía.

Sale la Virgen y pide:
que no siga mi cantar,
por ser triste su memoria
no la deben de escuchar.

Quiroga en viaje llegaba
a Tucumán y Santiago; (2)
después de arreglarlo todo
emprende su viaje aciago.

En un monte cordobés
lo esperaba una partida,
mandada por Santos Pérez
para quitarle la vida.

Los verdaderos causantes
de aquella revolución,
son hombres de Reynafé
que han de matarlo a traición.

Dicen que al dejar Santiago
Quiroga lo sabe todo,
pero confiando en su nombre
piensan que le tienen miedo.

Pablo, Roque y don Benito
fueron los gauchos bomberos,
amalhaya, de alvertidos,
ahí iban junto con ellos.

Al pasar por Ojo de Agua
lo atajaron al puntero.
¿Adónde quedó Quiroga?
conteste pronto, aparcero.

El gaucho que hace correo
para evitarse otros males,
les contesta que en la posta
están mudando animales.

En ese Barranca Yaco
lo matarán a Quiroga
lo pasarán a degüello
y colgarán de una soga.

Virgen mía, no lo dejes
morir en Barranca Yaco;
mandalo para La Rioja
que vaya a picar tabaco.

Los gauchos de Santos Pérez
aguardan a cada lado,
con las armas en la mano
y el pedernal preparado.

A la carga, manda Pérez,
no ha de quedar uno vivo
sus paisanos alvertidos;
Quiroga ya está vencido.

Saca el general la cabeza
para gritar a su antojo
y Pérez le da un balazo
mesmo en el centro del ojo.

Santos Pérez les decía:
maten que no hay compasión,
no se ha de salvar ni el chico (3)
que sirve de postillón.

Mi Santa Virgen María
quiere vencer al pecado,
pero a Santos no lo vence
es criminal endiablado. (4)

Pronto a las sierras se alzó
disparando a la justicia
y en esa triste aflicción
lloraba por su desgracia.

Una noche tuvo ganas
de llegarse hasta el poblado,
para dormir con su dama
lo que andaba medio alzado.

La mujer era muy lista
y avisó a la policía,
todos fueron a prenderlo
porque miedo le tenían.

Al gaucho Santos dormido
en la cama lo pillaron
tan corajudo el bandido
rugió cuando lo rodearon.

Vaya tal hombre varón
y la leche que mamó;
al ver tanta policía
a las armas manotió.

Virgen mía, yo calculo
el valor de aquel paisano,
con tantas muertes encima
del tigre ha de ser su hermano.

Ya por fin lo aprisionaron
y lo engrilló el carcelero;
a Córdoba lo mandaron
para que cante el jilguero.

La Virgen llora de pena
la suerte del gaucho Santos.
Fue criminal, no lo niega
pero fue uno de los tantos.

El diablo metió la cola
y en Buenos Aires murió
dio muchas vueltas la rueda
miren qué lejos llegó.


1) Este cantar se conoce también como “El Canto de Juan Facundo Quiroga y del gaucho Santos”.

2) Véase nota 1 al cantar “Año de mil ochocientos”.

3) Véase nota 4 al cantar “Desde que salió Quiroga”.

4) A partir de esta cuarteta el cantar desplaza la atención de Quiroga a Santos Pérez, a quien describe como el gaucho perseguido por la justicia.


Hoy este día Quiroga

Hoy este día Quiroga
pierde la vida y la plata
en un bosque cordobés
hay quien lo espera y lo mata.

Quiroga murió por cierto
no por vil, ni por traidor,
fue defendiendo la Patria
y la Santa Confederación.


Madre del Rosario

Madre mía del Rosario,
madre mía, mi señora,
voy a contarles la historia
de Juan Facundo Quiroga

Madre mía del Rosario,
madre mía del Luján,
voy a contarles la historia
que ha tenido el general.

Un día salió de viaje
ausente de su familia,
ya le anunciaba el destino
la desgracia de su vida.

Cuando venía de vuelta
le armaron revolución,
era uno de los Reinafé
para matarlo a traición.

Venía rodando el coche
por la huella del camino,
cuando para en Totoral,
a beber vaso de vino.

Roque Junco y Pablo Junco
fueron los gauchos bomberos,
amalhaya de alvertidos
ahí iban junto con ellos.

En esa Barranca Yaco
dice que lo han de matar,
la gente de Santos Pérez
y de Benito Guzmán.

A la carga, manda Pérez
militares alvertidos,
hoy aquí muere Quiroga
un general asesino.

Roque Junco les decía:
un error he cometido,
a Quiroga lo hemos muerto
y es nuestro padre querido.

Santos Pérez les decía:
para mí no hay salvación,
en el punto en que me hallo
ya no tengo salvación.

 

1) En la batalla librada en Tinogasta –Catamarca-, las fuerzas del ejército nacional fueron derrotadas por las del montonero Estanislao Medina en marzo de 1867.

2) Melitón Córdoba comandaba las fuerzas enemigas.

 

Fuente

Blomberg, Héctor Pedro – Cancionero Federal – Buenos Aires (1934)

Carrizo, Juan Alfonso – Cancionero popular de Catamarca – Buenos Aires (1987).

Chávez, Fermín – Juan Manuel de Rosas, su iconografía – Buenos Aires (1970).

Draghi Lucero, Juan – Cancionero popular cuyano – Mendoza (1938).

Fernández Latour, Olga – Cantares Históricos de la tradición argentina – Buenos Aires (1960).

Lanuza, José Luis – Cancionero del tiempo de Rosas – Buenos Aires (1941).

Moya, Ismael – Romancero – Buenos Aires 81941).

Oscar J. Planell Zanone / Oscar A. Turone – Agrupación Patricios Reservistas – Patricios de Vuelta de Obligado.

Rivera, Jorge B. – La primitiva literatura gauchesca – Buenos Aires (1968).

Rosa, José María – Historia Argentina.

Soler Cañas, Luis – Megros, gauchos y compadres en el cancionero de la Federación – Buenos Aires (1958).

Terrera, Guillermo Alfredo – Cantos tradicionales argentinos – Buenos Aires (1967)

Turone, Gabriel Oscar – Cantares de la Federación – Buenos Aires (2008).

Vignolo, Griselda y Nuñez, Angel – Cancionero Federal – Buenos Aires (1976).

 

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar








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