Malvinas‎ > ‎

EFEMÉRIDES . 01 de octubre – Nacimiento de Francisco de Borja Vasconcelos (1797)

publicado a la‎(s)‎ 2 oct. 2012 3:52 por Julio Mendoza

Francisco de Borja Vasconcelos

Batalla de Maipú, 5 de abril de 1818

Nació en la ciudad de San Juan, el 1º de octubre de 1797.  El 3 de febrero de 1816 sentaba plaza en el Batallón 1º de Cazadores de los Andes, en calidad de soldado, siendo ascendido a cabo 2º, el 18 del mismo mes y año y a sargento 2º el 20 de abril de igual año. (1)

Hizo la campaña libertadora de Chile, formando parte de las legiones que el general San Martín lanzó a través de la Cordillera de los Andes en un gesto de admirable desafío al superior poder español en aquel país.  Se batió en Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, por cuya participación recibió un escudo en forma elíptica con una inscripción sobre fondo blanco en letras amarillas: “A los vencedores de Chacabuco”, que fue la condecoración otorgada a los individuos de tropa por aquel magnífico hecho de armas.  Se halló en el ataque que la escuadra española llevó a fines de febrero de aquel mismo año, sobre Valparaíso, estando aquélla compuesta de la fragata “Venganza”, bergantín “Portillo” y otros buques, los que fueron rechazados por el 1º de Cazadores, siendo gobernador del puerto,  el teniente coronel Rudecindo Alvarado.

Se halló en la campaña de 1818, encontrándose en la sorpresa de Cancha Rayada y aquí transcribiremos literalmente un párrafo que contiene la foja de servicios de este valeroso soldado, archivado en su legajo, en el Ministerio de la Guerra.  Dicho párrafo dice:

“En el ataque que llevó en Quechereguas, el 20 de marzo, la División de Vanguardia realista, al mando del general Ordóñez, a la columna del general Las Heras, que sostenía a los dispersos (1º de Cazadores, Batallón de Artillería y Nº 2 de Infantería de Chile, y un gran número de dispersos de infantería): el general Ordoñez después de un vivo fuego, intimó al general Las Heras, que mandaba la columna, que se rindiera, porque de lo contrario, atacaría y concluiría con todos.  El coronel las Heras, formando columna cerrada, hizo saber a los cuerpos la intimación y la tropa espontáneamente y llena de ardor y entusiasmo contestó a una voz al parlamentario: “Las armas de la Patria no se rinden a sus enemigos, si no son vencidas”.  No avanzaron un paso adelante”.

Vasconcelos se halló en la gloriosa jornada de Maipú, hecho de armas por el cual la tropa recibió un cordón de honor, de color amarillo y el dictado de “Heroico Defensor de la Nación”, por disposición del gobierno de las Provincias Unidas; y por el de Chile un escudo circular, con una inscripción en letras coloradas, sobre fondo blanco: “A los vencedores de Maipo”.

En la batalla de Maipú, el sargento Vasconcelos recibió seis graves heridas; la primera, que debió haber sido mortal, fue un balazo en la cara que le destrozó ambas mandíbulas; y las cinco restantes, fueron inferidas con bayoneta: dos en la cadera izquierda, una en el muslo derecho, una en el vientre y la última en la espina dorsal.  Por su valerosa actuación en esta memorable acción, Vasconcelos recibió los despachos de subteniente del 1º de Cazadores de los Andes, el 26 de junio de 1818.

A comienzos de mayo de este 1818, el general San Martín despachó al general Antonio González Balcarce al sur de Chile, al frente de una división, para que terminase con los realistas que se habían escapado de Maipú; en ella marchó el 1º de Cazadores, en el que también iba Vasconcelos, aunque curándose de sus heridas, por no separarse del batallón.  Se encontró en Bío-Bío, frente al fuerte de Nacimiento, en la cual fueron derrotados y casi concluidos los prófugos de Maipú y demás destacamentos realistas, y de los cuales había formado una fuerte columna, el coronel Sánchez.  En la acción de Bío-Bío, mencionada, y que fue librada el 17 de enero de 1819, tuvo parte principal el 1º de Cazadores; y aquella acción fue la última después de varios encuentros parciales que habían tenido lugar: en El Parral, San Carlos, Isla de Laya, toma de Los Angeles, y otras de menor importancia, habiendo tenido igualmente intervención en la acción del Paso de Monterrey, el 31 de diciembre, donde sufrieron grandemente las fuerzas reales mandadas por el coronel Francisco Sánchez.

Comentando el coronel Manuel Alejandro Pueyrredón, actor glorioso de aquella campaña, en un informe pedido por la Superioridad sobre la participación de Vasconcelos en las operaciones del Sur de Chile, dice: “Debo en este informe recordar un hecho muy honorífico de este oficial por haberlo oído repetir en el Ejército, en aquella época, con grande elogio.  Tal es, el no haber querido quedar en la Capital a curar sus heridas, y seguido a su Batallón y sus compañeros, con sus heridas abiertas, habiéndose batido en Bío-Bío, en ese estado.  Habiéndose operado la retirada del Ejército en aquella época y quedado herido en Los Angeles, el que suscribe, ya no fue posible seguir a este Oficial en su carrera, por lo que debo limitar hasta aquí este informe, dejando así cumplido el Decreto Superior a que me refiero (ordenando evacuar este informe). – Paraná, diciembre 28 de 1860”.

Vasconcelos repasó la Cordillera como subteniente graduado del 1º de Cazadores, en mayo de 1819, y se separó de su cuerpo al ser éste destinado a San Juan para ser remontado, pasando aquél retirado a inválidos como sargento.  Se hallaba en la mina de oro de Gualilán, cuando se produjo la sublevación de Mendizábal, Corro y Morillo.

Vasconcelos se vio más adelante envuelto en los disturbios que originó el antagonismo político entre los dos partidos: Federales y Unitarios.  Se halló en el combate de Niquivil, donde las fuerzas mendocinas al mando del coronel Casimiro Recuero, compuesta por más de 200 hombres, encargados de batir a las sanjuaninas mandadas por el general Nicolás Vega, que defendían el sistema unitario, fueron derrotadas por éstas últimas, en el lugar de referencia (situado entre la ciudad de San Juan y Jáchal), en junio de 1829.

Ascendido a teniente 1º el 10 de abril de 1831, Vasconcelos se halló en la acción de Capayán, a comienzos de octubre de aquel año, contra la división que desde La Rioja despachó el general Juan Facundo Quiroga, a las órdenes del teniente coronel Martín Yanzón y la unitaria comandada por el coronel Santiago Albarracín.  Se encontró, igualmente, en el combate de Miraflores, librado a fines de octubre del mismo año, entre la división que destacó el propio Quiroga, al mando del coronel Juan de Dios Vargas y las fuerzas del general Lamadrid.

Formando parte de las tropas del Tigre de los Llanos, Vasconcelos se halló en la célebre batalla de La Ciudadela, el 4 de noviembre de 1831, donde fue deshecho el ejército de Lamadrid.  Por sus merecimientos en esta campaña, fue ascendido a capitán, el 15 de mayo de 1832.

Hizo la campaña al Desierto, a comienzos de 1833 (marzo-abril), teniendo a su cargo la gran guardia de la columna de la derecha (División que mandaba el general José Félix Aldao), campaña que duró por espacio de 11 meses, intervalo durante el cual se halló en seis guerrillas, en diversas ocasiones, y muy en especial, en la del punto de Chalileu, y donde derrotó una fuerza como de 200 hombres de los cristianos asilados entre los indios; y la otra, después de los toldos del cacique Seinequé, en la que les quitó 47 individuos de chusma, inclusas 2 cautivas que rescató.

A las órdenes del mismo general Benavídez, Vasconcelos hizo el año 1841 la campaña de Cuyo contra las fuerzas unitarias del general Lamadrid; se halló en la célebre batalla de Angaco, el 16 de agosto de 1841, donde el general Acha batió a las fuerzas del fraile Aldao, de las que formaba parte el propio Benavídez.  Este, maniobrando con una rapidez increíble, e incorporadas a su división la fuerza mendocina que marchaba en apoyo de Aldao, cayó sorpresivamente en la tarde del 18 de aquel mes, sobre la vanguardia de Acha, situada en los potreros de La Chacarilla, en la ciudad de San Juan, como a 3 cuadras de la plaza principal.  Luego de tres días de resistencia, en que murieron varios de los oficiales de Acha -entre ellos José Francisco Alvarez y Lorenzo Alvarez- éste debió rendirse, bajo promesa de respetar su vida.

Se halló, igualmente en el ataque que efectuó la división de Benavídez, los días 19, 20 y 21 del mismo mes de agosto, contra las fuerzas de Acha, atrincheradas dentro de la plaza y de la iglesia.  Reunida la división de Benavídez en el río Desaguadero, provincia de Mendoza, en setiembre de 1841, al Ejército Auxiliar que fue de Buenos Aires al mando del general Angel Pacheco, Vasconcelos marchó con el Batallón “Cazadores Federales” y otras fuerzas de caballería que se destinaron con los coroneles José María de la Oyuela y Francisco Domingo Díaz, en protección de la ciudad de San Juan, y de las vidas y propiedades de sus vecinos, que se hallaban indefensos.

En el ataque que se llevó sobre la división del general Peñaloza, en El Manantial del Tucumán, el 18 de julio de 1842, por las fuerzas del general Nazario Benavídez, Vasconcelos formó parte del Batallón de “Cazadores Federales”, como lo hizo desde su creación.  Asistió igualmente, al segundo combate que hubo entre las mismas fuerzas beligerantes, en el Bañado de de Ilisca, el 15 de enero de 1843.  En la persecución que el general Benavídez llevó a cabo sobre los restos de la fuerza de Peñaloza, entre la misma Cordillera de los Andes, siendo éste batido y completamente deshecho en los encuentros verificados en Saquilan y en Leoncito, en la jornada del 17 de enero del mismo año y a consecuencia de los cuales, Peñaloza se internó en el territorio chileno.

Al finalizar la foja de servicios redactada en la ciudad de Paraná, el 22 de diciembre de 1860, Vasconcelos la cierra con el siguiente párrafo: “Juro bajo mi palabra de honor, que la narración de los servicios que dejo detallados en la foja que antecede, es fiel y religiosamente ajustada a la verdad de la historia y de los acontecimientos en que me ha cabido la suerte de ser actor y testigo presencial”.

Por esta foja se encuentra que Vasconcelos ascendió a sargento mayor el 1º de diciembre de 1851, y a teniente coronel de los ejércitos de la Confederación, el 10 de octubre de 1856, siendo destinado al Estado Mayor de plaza de la sección San Juan, con fecha 6 de setiembre de 1858.

Además del informe mencionado más arriba, del coronel Pueyrredón, el coronel Joaquín Ramiro y el general Cesáreo Domínguez, se expidieron en forma análoga, confirmando los relevantes servicios prestados por el comandante Vasconcelos en su gloriosa carrera militar.  Por su parte el historiador general Jerónimo Espejo, ha publicado la actuación de Vasconcelos en la batalla de Maipú, en la forma siguiente:

“Habiendo el general San Martín mandado al general Alvarado (teniente coronel entonces), jefe de la división de infantería del ala izquierda, que con los Batallones Nº 1 de Cazadores, y Nº 8, tomase una colina o posición elevada que tenía a su frente, los realistas, con igual designio, habían destacado, según se cree, al regimiento de Burgos, encubierto por la misma altura.  Por la localidad y formación en que estaban los batallones números 1 y 8, a éste le tocaba posesionarse de la cima pero, tanto el número 8 cuanto los realistas, vinieron a saber que hacían la misma maniobra de una y otra parte, cuando se avistaron de improviso, frente a frente en la cúspide de la colina.  Sea que los españoles fuesen más aguerridos, con mejor disciplina, o que su jefe fuese más perspicaz, el hecho fue que hicieron una descarga sobre el Nº 8, a quema ropa, que le echó a tierra una gran parte de la compañía de granaderos y tuvo que retroceder.  El Nº 1 de Cazadores, que marchaba a su izquierda, aunque rompió sus fuegos para protegerlos y ver si restablecía el combate, fue abrazado de igual modo por los fuegos de los españoles, y también se vio obligado a alejarse de la posición.  El enemigo inmediatamente estableció una batería de 4 piezas de artillería que, rompiendo un fuego abrazador a metralla sobre la división que se retiraba, protegía al mismo tiempo la persecución que hacía del Nº 8 desde la altura hasta el bajo para sacar todo el fruto de la ventaja conseguida.  Mas, el general San Martín, que observaba esta escena y que probablemente se persuadió más de la importancia de la posición por el empeño que el enemigo ponía en sostenerla, mandó a carrera los batallones Nº 1 y 3 de infantes de la Patria (pertenecientes al ejército de Chile que formaban parte de la división de reserva) a proteger al Nº 8 y 1 de Cazadores de los Andes, que a la sazón se rehacían para volver al ataque, lo cual, visto por el enemigo, contuvo su marcha y aún retrocedió a la altura.  El coronel Freire, que mandaba la caballería de la misma ala, al ver el rechazo que la división Alvarado había sufrido, emprendió una carga sobre una columna de la propia arma que tenía a su frente para equilibrar el combate, amagando al mismo tiempo el flanco de la infantería realista; y teniendo la fortuna de lograr su golpe, hizo perder su posición en derrota a los lanceros del Rey.  El comandante Alvarado, que a la sazón ya había reorganizado los dos batallones de su división, y veía acercarse el refuerzo de la reserva, proclamó la tropa, exhortándola a un nuevo esfuerzo de coraje, terminando con las palabras: “¡Soldados! ¡vamos a triunfar!”.  En efecto, la tropa respondió con un grito entusiasta de: ¡Viva la Patria!, y ambos cuerpos volvieron sobre el enemigo con la mayor serenidad, arma en brazo, a son de música.  Fue tal la embestida que se le dio, que no pudiendo resistirla, se desordenó, volvió caras, y nuestra división se posesionó de la altura y de la artillería.  Los españoles a su turno fueron perseguidos por la espalda en cuesta abajo por los Batallones Nº 8 y Cazadores, sufriendo igual o mayor destrozo que el que ellos habían causado a nuestras filas poco antes.  Aunque reforzados por un cuerpo de reserva, que unidos hacían esfuerzos por recuperar la posición perdida, no sólo no lo lograron, sino que a bala y bayoneta se les hizo retroceder y aún se les desalojó de la segunda colina en que pensaron hacer pie firme; en ese segundo ataque fue que Vasconcelos, recibió su herida en la boca, y su capitán le mandó al hospital de sangre a retaguardia, diciéndole que fuese a reunirse a los otros heridos que se habían despachado de la posición que acababan de dejar.  Vasconcelos dice: que se vendó su herida con dos pañuelos que llevaba, y echando al hombro su fusil que tenía cargado, se puso en marcha a buscar el hospital, cruzando el campo que estaba sembrado de cadáveres y heridos.  Se había alejado ya como tres o cuatro cuadras a retaguardia de la línea, cuando de improviso se levantó uno de los realistas que habían caído heridos pocos minutos antes, sin la menor duda, de esos acérrimos empecinados por su rey, a atacar a Vasconcelos que pasaba solo; a los improperios de furiosa rabia que vomitaba aquel español, se enderezaron otros y otros, hasta cinco sucesivamente de aquí y de más allá, al ver a un insurgente caminar mudo, bañado el pecho y la cara en sangre e indefenso, porque no se veía en su alrededor ninguno que pudiese socorrerlo.  Vasconcelos, viéndose en tan supremo conflicto y considerando que iba a ser víctima indefectible de aquellos furiosos desalmados, cuyos insultos le daban la medida de su saña, se resignó a su suerte, al reflexionar que no le quedaba otra alternativa que morir matando.  Hecha esta resolución, se echó el fusil a la cara poniéndole los puntos al que se le acercaba con más ahínco, le disparó el tiro y tuvo la fortuna de voltearlo; echó mano incontinenti a otro cartucho, porque ya venía otro acercándose a acometerlo, que presumió que traía su fusil descargado, porque venía calando bayoneta; mas, calculando que por venir tan inmediato no le daría tiempo para sacar la baqueta y atacar el tiro, puso el cartucho al cañón, dio un golpe en el suelo con la culata, echó el fusil a la cara, le disparó el tiro y lo volteó: todo fue obra de muy pocos instantes; pero observando que los otros tres no se arredraban ni por haber visto caer a dos de sus compañeros, y calculando que por estar ya tan cerca no le alcanzaba el tiempo para cargar de nuevo y voltear otro si podía; encontrándose rodeado y sin más arbitrio que pelear cuerpo a cuerpo, tomó el fusil con la izquierda como para que le sirviese de escudo y con la derecha echó mano a su puñal que llevaba a la cintura.  A los primeros golpes, dice, que ya conoció la poca destreza de sus competidores en el arma blanca, o porque sus heridas no les permitiesen mayor desenvoltura, pero el hecho fue que estas ventajas dieron a Vasconcelos nuevo aliento y entereza a sus fuerzas y poco después a favor de un salto súbito que dio sobre uno de ellos, consiguió acertarle una cuchillada que le abrió el vientre y lo volteó, mientras que los otros dos lo acosaban a bayonetazos.  Este tan desventajoso combate y agitación habían debilitado tanto sus fuerzas, que hubo momentos en que desesperaba de su suerte; pero al considerar que un nuevo esfuerzo podía conservarle la vida, sacó fuerzas de flaquezas y acometió al que le ofrecía más ventajas por su falta de agilidad y parándole un bayonetazo con el fusil que tenía en la mano izquierda, le acertó una puñalada con la derecha que lo tendió en tierra, y entonces acometió al quinto con la resolución de dar fin a tan fatigosa escena con su vida o con su triunfo.  Mas, aunque el español era valiente y ágil, parece que la Providencia lo disponía de otro modo.  En esos momentos se avistó una partida de quince o veinte milicianos de Aconcagua que pasaban a galope por aquel paraje, y este auxilio estimuló su ánimo y concluyó con el último de sus asesinos.  En esto llegó la partida que lo reconoció como soldado de la Patria por su uniforme, y dándose a entender por señas con el oficial, tanto de su estado cuanto del lance que acababa de tener lugar, el oficial le hizo montar en el caballo de uno de sus soldados y ordenó que le acompañasen dos hasta el hospital en precaución de otro encuentro semejante o de cualquier caso imprevisto”.

El presidente Mitre extendió a Vasconcelos despachos de teniente coronel de la Nación el 25 de mayo de 1862, pasando a revistar por la sección San Juan.

Gravemente enfermo, el teniente coronel Vasconcelos testó en su ciudad natal, el 27 de enero de 1864, falleciendo a los pocos días.

Referencia

(1) Otros antecedentes de Vasconcelos son: cabo 1º de la 3ª Compañía del 11 de Infantería, el 8 de abril de 1816; soldado del 1º de Cazadores de los Andes, 3ª Compañía, el 14 de junio de 1819; soldado de la 1ª Compañía del Regimiento 1º de Dragones el 1º de diciembre de 1819; sargento 2º de la 3ª Compañía de San Juan, en agosto de 1825.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Espejo, Jerónimo – El sargento Vasconcelos, Episodios de la Batalla de Maipú – Chile (1877).

www.revisionistas.com.ar

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939)

Artículos relacionados

Batalla de Maipú

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar


No se ha podido encontrar la URL de especificaciones de gadget.


Comments