GUERRA DE MALVINAS . Félix Artuso, la muerte de un prisionero de guerra

publicado a la‎(s)‎ 4 dic. 2014 4:14 por Julio Mendoza

Una revisión sobre las circunstancias en las que fue asesinado el Suboficial Primero Félix Artuso, mientras era prisionero de guerra, por un soldado de la Marina Real Británica el 26 de abril de 1982 a bordo del capturado submarino argentino ARA Santa Fe en Grytviken, Georgia del Sur, ha impulsado la siguiente consideración.

Síntesis:

En la mañana del 25 de abril de 1982 el submarino argentino ARA Santa Fe, mientras estaba en superficie saliendo de Grytviken, Georgia del Sur, fue atacado por las fuerzas británicas y severamente dañado. El capitán argentino Horacio Bicain volvió el Santa Fe sobre sus pasos y regresó a Grytviken, asegurando su barco dañado en el embarcadero del British Antarctic Survey situado en King Edward Point. Después de la rendición argentina, las fuerzas británicas encontraron una gran cantidad de municiones, granadas y algunas armas a bordo del submarino argentino. Los británicos evaluaron los torpedos del barco como listos para ser disparados y encontraron al submarino en una condición peligrosa, perdiendo flotabilidad, combustible y con fugas de gas de cloro. De acuerdo con los británicos, esta mezcla potencialmente explosiva representaba una amenaza significativa para ambos elementos, marinos y terrestres, de las fuerzas británicas y era requerida su neutralización. Los comandantes británicos también habían expresado su preocupación acerca del posible hundimiento del ARA Santa Fe en el embarcadero del British Antarctic Survey, obstruyendo así el amarre para cualquier uso futuro en su base de apoyo. El Capitán Coward del HMS Brilliant propuso emplear a algunos miembros de la tripulación argentina para propulsar el submarino y despejar el embarcadero.

El 26 de abril de 1982 se informó de esto al Capitán Young, comandante del Grupo de Tareas a bordo del HMS Antrim, y ambos coincidieron en que el ARA Santa Fe no debía ser echado a pique, sino trasladado a una lugar seguro. El Capitán Coward, quien había sido inicialmente encargado de echar a pique/destruir al Santa Fe, se cercioró de que, a pesar de estar en un estado bastante peligroso, el Santa Fe tenía suficiente energía residual para ser conducido lejos y así dejar el embarcadero libre para el uso de otros buques para reabastecer a las fuerzas británicas. El Capitán Coward consultó con el Capitán Horacio Bicain, comandante del Santa Fe, que era un prisionero de guerra, sobre el personal mínimo que se requeriría para mover el submarino y se eligió a cinco miembros de la tripulación del Santa Fe: dos para la posición de torreta de timón y telégrafo, dos en la sala del motor para el sistema de propulsión y uno en la sala de control inferior para los sistemas hidráulicos y de aire. Además se emplearon otros dos prisioneros de guerra argentinos para manejar las cuerdas de la carcasa.

Cada prisionero de guerra estaba custodiado por un marino británico excepto en la sala de control inferior donde dos guardias de la Marina Real Británica, armados con pistolas Browning 9mm, vigilaban al Suboficial Primero Félix Artuso. Cuando el submarino comenzó a avanzar, uno de los guardias británicos de la sala de control inferior planteó sus preocupaciones a un oficial superior sobre la posibilidad de que los prisioneros de guerra argentinos utilizaran los torpedos contra los buques británicos o intentaran hundir el submarino. El oficial británico revisó el compartimiento de torpedos y luego mostró a los guardias lo que él creía que eran las principales palancas de ventilación y afirmó que bajo ningún concepto debían ser accionadas ya que abrir las rejillas de ventilación podría provocar el hundimiento del submarino. También se alegó luego que en ese momento se le mostró al Suboficial Artuso las palancas y se le ordenó en lengua de signos, no tocarlas y que Artuso parecía entender. El oficial de la marina británica informó al guardia que mientras Artuso no tocara las palancas de ventilación todo estaría bien.

El guardia británico afirmó que "él le dispararía (a Artuso) en la cabeza si las tocaba". El oficial de la marina británica volvió a repetirle "sólo no lo deje tocar las palancas (a Artuso)" y luego salió de la habitación de control inferior y se dirigió a popa. Durante el traslado del inutilizado ARA Santa Fe a otra ubicación, el submarino comenzó a perder flotabilidad y el oficial naval argentino Capitán Bicain alertó al Suboficial Artuso y le ordenó ajustar los sistemas de baja presión (LP systems) para reequilibrar la embarcación a fin de evitar que el Santa Fe escorara y zozobrara. La orden fue transmitida directamente al Suboficial Artuso quien tenía un transmisor que colgaba de su pecho.

Artuso tomó las palancas correctas para ajustar la presión del aire como se le había ordenado para hacer frente a la flotabilidad del submarino y en este punto, el guardia británico que lo custodiaba, que ya había declarado abiertamente su intención de dispararle (a Félix Artuso) en la cabeza si tocaba las palancas, disparó cinco tiros sobre el Suboficial Primero Félix Artuso, matándolo instantáneamente.

Frente a la Comisión de Investigación el guardia de la Marina Real Británica alegó que él nunca había escuchado la orden que se le pasó al Suboficial Artuso y pensó que éste estaba a punto de hundir el submarino cuando fue a operar las palancas y, en consecuencia, disparó su arma.

Irónicamente, el Oficial de la Marina Británica había identificado erróneamente los controles y había dado instrucciones incorrectas a los guardias de la Marina Real en cuanto a su uso. El Suboficial Artuso efectivamente estaba haciendo el ajuste de la compensación del Santa Fe y había usado correctamente las palancas para hacerlo. Según el capitán Bicain, a pesar de que había pasado por su cabeza la idea de que el hundimiento del Santa Fe podría ser inducido por los prisioneros de guerra argentinos, había dado la orden al Suboficial Artuso y los otros prisioneros de guerra de no intentar ningún sabotaje al submarino.

El Suboficial Félix Artuso fue luego enterrado con plenos honores militares por personal naval británico en el cementerio de Grytviken, Georgia del Sur. El 30 de abril de 1982 se convocó una investigación a bordo del HMS Antrim en la que se concluyó que no había culpa o negligencia atribuible a cualquier miembro de las fuerzas británicas por la muerte de Suboficial Primero Félix Artuso el 26 de abril 1982 mientras estaba detenido como prisionero de guerra a bordo del dañado submarino argentino ARA Santa Fe.

La Convención de Ginebra - Protocolos - Ley de Conflicto Armado - Extracto:

La Convención de Ginebra y las Leyes de Conflictos Armados son absolutos para las Altas Partes Contratantes de las cuales el Reino Unido es firmante. El principio que especifica que los prisioneros de guerra están en poder de la potencia enemiga pero no en el de los individuos o cuerpos de tropa que los hayan capturado, también debería ser tenido en cuenta. Los prisioneros de guerra tienen derecho, en todas las circunstancias, al respeto de su persona y su honor.

Los principios generales de protección de los prisioneros de guerra se enuncian de la siguiente manera: no serán expuestos inútilmente a peligros mientras esperan su evacuación de una zona de peligro. La potencia detenedora asumirá la responsabilidad general para la vida y el bienestar de los prisioneros de guerra. Los prisioneros de guerra deben ser colocados, en la medida de lo posible, fuera del alcance de cualquier tipo de presión para que renuncien a sus derechos. Estas personas no podrán, en ninguna circunstancia, renunciar parcial o totalmente, a los derechos de que gocen por la Convención de Ginebra: la Convención de Ginebra y la Leyes de Conflicto Armado determinan el estatus de las fuerzas capituladas y los derechos que les corresponden. Si las tropas se rindieron bajo acuerdo, entonces se convierten en prisioneros de guerra y tienen derecho a recibir todas las protecciones y deberes de cuidado. Una vez que comienza el estado de prisioneros de guerra, la ley de guerra determina que las fuerzas captoras debe cumplir con tareas de cuidado de los prisioneros.

Las fuerzas del captor tienen prohibido hacer acuerdos especiales con los presos para reducir estos derechos y protecciones. Los derechos concedidos a los prisioneros de guerra de conformidad con la Convención de Ginebra son absolutos. Se extienden entre los Estados y no pueden ser objeto de renuncia por cualquiera de los individuos del enemigo derrotado o comandantes de la fuerza captora. Se prohíbe matar o herir a un enemigo que se rinde o que está fuera de combate. Los combatientes capturados bajo la autoridad de la parte adversaria tienen derecho a que se respete su vida, su dignidad y los derechos personales. Deben ser protegidos contra cualquier acto de violencia.

Principio de la No-Renuncia:

El principio de la No-Renuncia, como prescribe la Convención de Ginebra, es absoluto y las fuerzas británicas que operaron en Georgia del Sur no tenían autoridad para dejar de lado esos derechos empleando a los prisioneros de guerra argentinos para el trabajo peligroso en el submarino ARA Santa Fe. La Convención estipula claramente, entre otras cosas, que los prisioneros de guerra deben ser colocados, en la medida de lo posible, fuera del alcance de cualquier tipo de presión para que renuncien a sus derechos, y que los prisioneros de guerra no podrán, en ninguna circunstancia, renunciar parcial o totalmente a los derechos que les asigna la Convención de Ginebra. Los beligerantes tienen estrictamente prohibido hacer acuerdos especiales con los prisioneros para reducir estos derechos y protecciones en conformidad con la Convención de Ginebra y los protocolos existentes. Independientemente de los objetivos militares británicos, el empleo de los reclusos de guerra argentinos para mover al ARA Santa Fe, que fue evaluado por las fuerzas británicas como en estado de condición peligrosa, expuso a estos prisioneros de guerra argentinos a un peligro innecesario, que también violó el principio de no-Renuncia como se define en la Convención de Ginebra. En este sentido, el gobierno británico está en violación de la Convención de Ginebra.

Control y Comando:

La conclusión a la que llega la Junta de Investigación por la que no se atribuye culpa, negligencia ni ningún acto culposo u omisión que contribuyera a la muerte de Artuso, merece un comentario: Como el Capitán Coward del HMS Brilliant estaba “de iure y de facto” en el mando y el control del ARA Santa Fe, él tenía autoridad sobre todos los subordinados en el submarino que incluía a los prisioneros de guerra argentinos y sus guardias de la Marina Real.

La identificación errónea de las palancas que accionan los compresores, situación a la que se alegó como desencadenante de la muerte de Suboficial Primero Artuso por un aparentemente nervioso guardia de la Marina Real, se podría haber evitado si el oficial de la marina británica en cuestión hubiera utilizado el sentido común y desde el principio se hubiera asegurado de cuáles eran los procedimientos correctos para navegar el submarino con los prisioneros de guerra argentinos que tenían más experiencia en su funcionamiento.

De hecho también, si hubiera sido necesario, el HMS Endurance tenía intérpretes disponibles a bordo y el Capitán Horacio Bicain a cargo del Santa Fe entendía inglés. La identificación errónea de las palancas de control de presión fue un error de juicio de un oficial de la marina británica y fue una falla infame de mando y control en la cual se pone de manifiesto la negligencia del Capitán Coward y sus subordinados.

Nota: El Consejo Británico de Investigación exoneró al Capitán Coward de cualquier negligencia culpable.

Comandantes del Grupo de tareas de las fuerzas británicas en Georgia del Sur - Abril 1982:

  • Capitán Brian Young del HMS Antrim. Comandante del Grupo de Tarea.
  • Capitán John Coward del HMS Brilliant.
  • Mayor Guy Sheridan Royal Marines estaba al mando del conjunto de la Operación Paraquet.
  • Mayor Cedric Delves DSO: Comandante Escuadrón D SAS.
  • Capitán John Hamilton: Comandante 19 Tropa (Tropa de Montaña) 22 Special Air Service Regiment (SAS).
    Historia Naval - Operación Paraquet.

Muerte del Suboficial Primero Félix Artuso:

Aunque la junta de investigación aceptó que había sido un error juzgar a partir de la identificación errónea de las palancas del sistema de presión del ARA Santa Fe, también encontró que se cometió un error de juicio adicional al no incluir específicamente en la declaración del guardia de la marina real encargado de la custodia de Artuso, que había expresado que iba a dispararle a Artuso en la cabeza.

En este sentido, la conclusión de la Junta de que la creencia del guardia de la marina real británica que hizo los disparos fatales fue fundada en un error honesto y justificable, y su conclusión de que este guardia creía honesta y razonablemente que:

1. tuvo que evitar que Artuso hundiera el submarino y

2. que dispararle era la única manera de salvaguardar todos a bordo, es cuestionable.

La afirmación del guardia británico encargado de la custodia de Artuso, respecto de que iba a dispararle al suboficial argentino en la cabeza antes de provocar su muerte, debería haber advertido al oficial naval británico (Coward) de la posibilidad de un error debido a su falta de familiaridad con el funcionamiento de los controles del submarino Santa Fe, y al obvio estado nervioso del guardia, cuya conducta en la sala de control inferior denotó un alto estado de ansiedad y estrés de combate.

Significativamente, el guardia de la marina real involucrado en el asesinato de Félix Artuso ya había expresado su intención de recurrir a la fuerza máxima contra él, lo que sugiere que éste soldado británico ya había formado el elemento "mens rea" de un delito penal (elemento mental penal). Podría decirse entonces que el asesinato del Suboficial Primero Artuso por este soldado británico que utiliza un poder de fuego abrumador, en un espacio cerrado, a quemarropa, dirigida a un prisionero argentino de guerra desarmado a bordo del ARA Santa Fe, quien en ese momento estaba actuando de conformidad con sus órdenes, equivale a una ejecución judicial.

Es un procedimiento normal realizar una junta de investigación en este tipo de incidentes pero ésta junta también puede actuar como una investigación preliminar, la cual debería haber impulsado a las autoridades militares británicas a evaluar el asunto en un foro militar más formal, fuera del teatro operaciones, en donde los hechos podrían haber sido probados legalmente con rigor forense, en lugar de llegar a conclusiones apresuradas en circunstancias en las que las mentes militares de los británicos estaban más centradas en la progresión de la guerra que en pronunciarse objetivamente sobre las circunstancias que rodearon la muerte de un prisionero argentino de guerra, desarmado, que se suponía estaba bajo la protección de las fuerzas británicas en el momento de su muerte.

Independientemente de las cuestiones jurídicas de fondo, la junta investigadora británica celebrada el 30 de abril 1982 a bordo del HMS Antrim exoneró a todo el personal de servicios británicos involucrados.

Conmemoraciones en Argentina - Marzo 2010:

El martes 2 de marzo de 2010 a las 11.00hrs, un evento conmemorativo se celebró en el Cementerio Británico de la Chacarita, Buenos Aires, en memoria de los que murieron en la Batalla del Río de la Plata en 1939: (véase también Youtube Video http://youtu.be/p_itph-BMRE). Otro evento conmemorativo se celebró en la tumba del Almirante Langsdorf del submarino alemán Graf Spee en el contiguo Cementerio Alemán. El miércoles 3 de marzo de 2010 a las 11.00hrs, otro acto conmemorativo se celebró en el monumento de la guerra de Malvinas, en la Plaza San Martín, en la Ciudad de Buenos Aires, en la memoria de los británicos y los argentinos caídos durante la Guerra de Malvinas en 1982. Cabe destacar que las autoridades argentinas no tuvieron problema en facilitar a la Irish Seamen's Relatives Association (1939-46) la colocación de ofrendas florales con una cinta tricolor irlandesa en su Monumento Nacional a las Islas Malvinas en Buenos Aires, junto con otras ofrendas, en nombre de la Asociación de la Marina Mercante, Wirral Branch, Birkenhead; la Royal Naval Association, Birkenhead; y la Royal Naval Patrol Service Association; dedicadas a la memoria de todos los británicos y los argentinos que perdieron la vida durante la guerra de 1982.

Conclusión:

No cabe duda de que las fallas en los procesos de paz en los conflictos internacionales afecta a hombres, mujeres y niños, son ellos los que pagan el precio más alto como consecuencia del conflicto armado. En este respecto los veteranos y sus familias llevan a perpetuidad la carga y las consecuencias de la participación en acciones militares en nombre de los Estados.

Son ellos, independientemente de su nacionalidad, quienes requieren el apoyo de sus gobierno, con lo cual, por la razón que sea, es una injusticia inaceptable por parte de las autoridades británicas no facilitar la visita de los familiares de Artuso a la tumba del prisionero argentino fallecido en Grytviken, Georgia del Sur y una afrenta a la decencia y al respeto por los argentinos muertos ... que debe ser rectificado por todos los involucrados... y más temprano que tarde.

Peter Mulvany BCL, HDIP Administración de Artes,
Presidente

http://www.irishseamensrelativesassociation.com/




FUENTE :

http://www.elmalvinense.com/malvinas/2014/2455.htm




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